
Es así, la belleza
se mide por centímetros
(…).
No por eternidades.
Y también por segundos.
Un ejemplo: la noche en que volvíamos de Angers,
corazón-carretera secundaria,
la luna y las señales y las interferencias.
Tus manos al volante,
las mías que cambiaban nerviosas de emisora.
Por hacer algo útil, tener una coartada
contra tu terciopelo.
Y de pronto, de frente, las luces de un camión.
No volveré jamás a verte así.
Ramo de kilovatios interiores,
platónico cristal, amor-chispazo.
No, no volveremos nunca a estar allí.
Así es, la belleza
se mide por recuerdos.
Martha A.A.M.
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