Grandes vacances


¿Qué podía pasarnos?

¿Acaso era algo malo tener piel?

Te recuerdo existir junto al castillo,

los ferrys regresando del Frioul y la espuma,

idioma que no pesa. Tu silencio.

Eran las vacaciones infinitas,

los negros por las calles de Marsella,

todo el calor del mundo:

todo el tiempo. ¿Qué podía pasarnos?

Aún no habías cumplido dieciocho y yo tenía

dentro del corazón tanto metal.


Martha A.A.M.

Cuéntame ahora un recuerdo feliz

Cuéntame ahora un recuerdo feliz.

Julián Herbert.

Hazlo con voz de cuna,

manos de espumillón y licor tibio,

sangre blanca de endrinas.


Cuéntame ahora un recuerdo feliz.


¿No limpiaste zapatos de charol?

¿No dormías al raso junto a la cobañera,

cuando agosto era un modo de ser virgen,

amputar tus dos manos?


Cuéntame cómo entonces decías «corazón»

para sentir el tuyo.

Y decías también «espejo verde»,

«caballos en la noche», «copas altas».


Hazlo como si hablar fuese aspirar un bálsamo.


Si el verbo ya fue carne, puede abrirse otra vez.

Podemos ser los mismos

todavía.

M.A.A.M.